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Pintoresdel Sur
Pintura de fachadas

Pintura de fachadas para el clima de la costa

Pintamos y reparamos fachadas de casas y de edificios en toda la provincia de Málaga. Una fachada de aquí no envejece como una de tierra adentro: le entra sal por la brisa, le llueve de lado con levante y le da el sol de la tarde a plomo. Esta página explica qué tienes tú delante y qué le está pasando, para que sepas leer el presupuesto que te den.

Empieza por aquí

De qué está hecha tu fachada

Es lo primero que mira cualquiera que sepa del oficio, porque de ahí sale todo lo demás: qué producto admite, qué limpieza soporta y si hace falta reparar antes. Se identifica desde la acera, en un minuto y sin herramientas.

Mortero monocapa

Lo normal en obra desde los 90

Cómo reconocerlo
Grano rascado y uniforme, y unas ranuras finas que recorren la fachada en vertical y alrededor de las ventanas. Esas ranuras son juntas de despiece, están puestas a propósito, y son el primer sitio donde mirar: es por donde el monocapa avisa de que se ha movido.
Qué implica
Está teñido en masa, así que no lleva pintura de fábrica. Se puede pintar, pero antes hay que decidir si conviene: una vez pintado, deja de ser monocapa a efectos de mantenimiento y pasa a repintarse como cualquier otra fachada.

Revoco pintado

Lo que hay en casi todo lo anterior

Cómo reconocerlo
Se ve la película: raspa con una moneda en una zona escondida y saltará una escama de color con el mortero gris debajo. Si al pasar la mano queda polvo de color en la palma, la pintura está pulverizada por el sol y ya no agarra nada.
Qué implica
Lo que decide el trabajo no es el color viejo, es cuánto de él se queda pegado. Una película sana se lava y se repinta; una que se levanta a tiras hay que retirarla, y esa es la parte que más varía de una fachada a otra.

Ladrillo cara vista

Portales, zócalos y chalets de los 80

Cómo reconocerlo
El ladrillo se ve tal cual, con su junta de mortero. Si hay manchas blancas que aparecen y desaparecen según llueva, son eflorescencias: sales que salen del interior con el agua y cristalizan fuera.
Qué implica
La respuesta por defecto no es pintarlo. Un cara vista sano se limpia y se trata con un hidrofugante incoloro, que corta la entrada de agua sin cerrar el poro. Pintarlo es una decisión estética que no tiene marcha atrás fácil.

Fachada con SATE

Rehabilitaciones recientes

Cómo reconocerlo
Da un golpe suave con los nudillos: suena hueco y blando, no a pared. El acabado son unos pocos milímetros de mortero sobre una plancha de aislante.
Qué implica
No admite lo que admite una pared maciza: ni rascado agresivo, ni hidrolimpiadora a presión alta, ni cualquier pintura. Se repinta con producto compatible con su capa de acabado, y de eso depende que el sistema siga siendo estanco.
Lo que pasa aquí y no en Madrid

Tres cosas se comen tu fachada

Y las tres actúan a la vez, cada una por su lado. Saber cuál te está tocando más explica por qué una cara del edificio está impecable y la de al lado no.

  1. El salitreY por qué la fachada se ampolla sin que haya llovido

    La brisa marina lleva cloruros tierra adentro y los deposita sobre la fachada. Son sales higroscópicas: por encima de cierta humedad ambiente captan agua del aire por su cuenta, sin necesidad de lluvia. Si esa humedad se queda atrapada bajo una pintura poco transpirable, empuja desde dentro y la levanta en ampollas. Es la razón de que una fachada a doscientos metros del agua envejezca distinto que la misma fachada dos kilómetros hacia el interior, y de que en primera línea la elección de la pintura pese más que el color.

  2. El levanteLa lluvia que entra por donde no debería entrar

    Con levante fuerte la lluvia no cae: viene de lado y golpea la pared en horizontal. Una fisura que con lluvia vertical nunca habría dado problema se convierte en una entrada de agua directa, igual que el encuentro de la ventana con el muro o una junta abierta. Por eso en un mismo edificio la cara de levante se deteriora antes que las demás, y por eso mirar solo la fachada principal —que suele ser la que da a la calle— deja fuera justo la que peor está.

  3. El ponienteEl sol de la tarde, que es el que descolora

    La orientación oeste recibe el sol en las horas de más calor, así que acumula la radiación y la temperatura superficial más altas del día. Eso hace dos cosas: descolorar el pigmento, sobre todo en tonos saturados, y someter al revestimiento a un ciclo diario de dilatación y contracción que termina fatigándolo. Un color oscuro alcanza más temperatura que uno claro con el mismo sol encima, y en una fachada al poniente esa diferencia se paga en años de vida del acabado.

De ahí sale un consejo que no cuesta nada: cuando pidas presupuesto, que el que vaya rodee el edificio entero. La fachada que se ve desde la calle casi nunca es la que peor está.

Hablando claro

Lo que tienes que tener en cuenta antes de pintar la fachada

Cómo se llega a la pared

En una fachada, el medio para llegar arriba es una decisión de obra por derecho propio, no un detalle. Andamio, góndola colgada de cubierta o trabajos verticales con cuerda: cada uno pide unas condiciones —altura, sitio donde apoyar o anclar, y si hay que ocupar acera o calzada, la autorización municipal que corresponda—. Conviene resolverlo al principio, porque condiciona el calendario entero.

Cuándo se puede pintar

Las fichas técnicas de los revestimientos exteriores marcan una horquilla de temperatura y un tope de humedad relativa, y piden soporte seco y que no llueva mientras la película forma. Eso recorta el calendario por los dos extremos: en verano la cara al sol pasa de la temperatura máxima de aplicación y el producto seca antes de poder extenderlo, y en invierno la pared se enfría de noche por debajo del punto de rocío y amanece con condensación, que impide que la pintura agarre. De ahí que la ventana buena sean primavera y otoño, y que los días de levante con lluvia queden fuera esté el mes que esté.

Quién decide

No es lo mismo una casa que un edificio. En una vivienda unifamiliar decides tú y se empieza cuando quieras. En una comunidad la obra la aprueba la junta, y lo que se contrata no es solo la fachada: es también el orden en que se hace, cómo se convive con ella y quién responde ante los vecinos. Merece la pena saber en cuál de los dos casos estás antes de pedir nada.

Preguntas

Lo que más nos preguntan de las fachadas

¿Cada cuánto hay que pintar una fachada en la costa?

No hay un número que valga para todas, y quien lo dé sin verla se lo está inventando. Lo que marca el plazo es la orientación, la distancia al mar y el producto que se puso la última vez: la misma pintura dura bastante menos en una cara al poniente y en primera línea que en una fachada resguardada y a la sombra. La señal fiable no es el calendario, es la fachada: cuando el color se va, aparece polvillo al pasar la mano o se ven las primeras escamas, ya está pidiéndolo.

¿Se puede pintar la fachada por partes o hay que hacerla entera?

Técnicamente se puede, y en comunidades con presupuesto ajustado se hace. El problema es que se va a notar: una fachada recién pintada al lado de otra con años de sol encima no empata ni con el mismo bote de pintura, porque lo que ha cambiado no es el color sino el brillo y la textura. Si hay que fasear, lo sensato es cortar por planos completos —una cara entera, no media— y asumir el escalón donde el ojo menos lo busca.

¿Hay que reparar antes de pintar, o la pintura tapa?

La pintura no tapa nada estructural: se estira sobre la fisura y a los pocos meses la fisura vuelve a marcarse a través. Pintar sobre un soporte que se mueve es adelantar dinero para volver a estar igual. El orden correcto es al revés: primero se averigua por qué se ha abierto, se repara, y después se pinta lo que ya está quieto.

¿Puedo elegir el color que quiera?

En una casa, sí, con dos avisos: los tonos muy saturados y los oscuros pierden color antes al sol de poniente, y cuanto más oscuro, más temperatura coge la fachada. En una comunidad, además, el color lo decide la junta, y en según qué zonas puede haber condiciones municipales sobre el aspecto exterior; eso se comprueba antes de comprar pintura, no después.

¿Qué diferencia hay entre pintar la fachada y rehabilitarla?

Pintar es renovar el acabado de una fachada que está sana. Rehabilitar es intervenir sobre lo que hay debajo —reparar el soporte, resolver entradas de agua, a veces aislarla— y pintar al final como último paso. Se distinguen mirando: si lo que falla es el color, es pintura; si hay fisuras que repiten, zonas huecas al golpearlas o manchas de humedad que reaparecen, pintar solo sería el gasto peor invertido de los dos.

¿Cuánto cuesta pintar una fachada?

Depende de tres cosas y ninguna se ve por teléfono: los metros reales, cómo se llega a ellos y en qué estado está el soporte. De hecho el medio de elevación puede pesar tanto como la pintura. Por eso no damos precio por m² a ciegas: se ve la fachada, se mide, y se entrega precio cerrado por escrito.

Cuéntanos qué fachada tienes

Una foto desde la acera de enfrente para ver el conjunto y la altura, y otra de cerca de la zona que peor pinta tenga. Con eso te decimos qué está pasando y qué haría falta, y concretamos la visita para medir.

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