¿Merece la pena el SATE en la costa, con el invierno que tenemos?
Aquí el argumento no es el invierno, es el verano. Lo que se nota primero es que la fachada deja de acumular el calor del día y soltarlo dentro por la tarde, que es cuando el aire acondicionado más trabaja. El invierno también mejora, sobre todo en los puntos donde antes condensaba, pero si alguien te vende el SATE por la calefacción en Málaga te está contando el argumento de otro clima.
¿Se puede poner en un piso suelto o tiene que ser el edificio entero?
Técnicamente se puede aislar un paño, pero rara vez tiene sentido. La fachada es elemento común, así que la decisión no es individual; y aunque lo fuera, un parche de aislante rodeado de muro sin aislar sigue perdiendo por los bordes y se ve desde la calle. En vivienda unifamiliar, en cambio, lo decides tú y se hace entero.
¿Cuánto espesor hace falta?
Depende de cómo esté construido el muro, de la orientación de cada cara y de hasta dónde puede crecer la fachada sin comerse aleros y vierteaguas. No es «cuanto más, mejor» sin más: a partir de cierto punto cada centímetro aporta menos y complica todos los remates. Se calcula sobre el edificio concreto, no se copia del vecino.
¿Se puede golpear? ¿Y si alguien apoya una escalera?
Es un sistema con aislante debajo, así que resiste menos un impacto puntual que un muro macizo. Por eso la planta baja y las zonas de paso se ejecutan reforzadas, con malla adicional. Un golpe fuerte puede abollar el acabado; se repara, pero conviene contarlo antes y no descubrirlo con la primera bicicleta apoyada en el portal.
¿Qué mantenimiento lleva?
El del acabado que le pongas, no el del aislante, que va protegido. Lo que sí hay que mirar de vez en cuando son los bordes: la coronación, los vierteaguas y los encuentros con carpintería, que es por donde un sistema empieza a fallar. Revisarlos cada cierto tiempo cuesta poco; descubrirlos tarde, mucho.
¿Cuánto cuesta poner un SATE?
Se mide por metro cuadrado, pero la cifra la mueven cuatro decisiones distintas: qué aislante y con cuánto espesor, con qué se remata, qué medios hacen falta para subir, y cuánta reparación pide el muro antes de poder pegar nada encima. Las cuatro se deciden con el edificio delante, así que ninguna cifra dada por teléfono significa nada. Lo que damos es presupuesto cerrado por escrito después de medir.