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Pintoresdel Sur
SATE

SATE: aislar la fachada por fuera

Sistemas de aislamiento térmico exterior para casas y edificios de la provincia de Málaga. Aquí no se pone por la calefacción: se pone porque la fachada deja de acumular el sol de la tarde y de soltarlo dentro, y porque envolver el edificio por fuera tapa justo los puntos que el aislamiento interior no llega a cubrir.

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Un SATE son cuatro capas

No es «poner corcho y pintar». Es un sistema, y funciona porque las cuatro capas trabajan juntas: si una se sustituye por otra más barata, el conjunto deja de comportarse como se esperaba. Saber cuáles son es lo que te permite comparar dos presupuestos de verdad.

El aislante

Planchas pegadas a la fachada y, además, ancladas con espigas. Las dos sujeciones no sobran: el adhesivo trabaja mientras el soporte aguante, y los anclajes son los que responden cuando sopla fuerte. El material y el espesor se eligen según lo que se quiera conseguir y lo que dé de sí el edificio por fuera.

La capa base con malla

Un mortero con una malla de fibra de vidrio embebida dentro, no pegada encima. Es lo que reparte los movimientos del conjunto para que las juntas entre planchas no acaben dibujándose en el acabado, y lo que le da al sistema resistencia a los golpes. En las esquinas y alrededor de los huecos va reforzada, porque ahí es donde se concentra la tensión.

El acabado

La capa que se ve, y la única que se elige por gusto. Tiene que ser compatible con lo de debajo y dejar salir el vapor: un SATE bien puesto y rematado con un producto estanco es un SATE que se humedece por dentro y no lo sabe nadie hasta que sale una mancha.

Los remates

Arranque contra el terreno, coronación, vierteaguas de las ventanas, jambas, bajantes, rejas, aparatos de aire. No son un detalle final: son por donde entra el agua si están mal, y son la mitad del trabajo real de un SATE. Un sistema se estropea por los bordes, casi nunca por el centro del paño.

La pregunta de verdad

Por qué por fuera y no por dentro

Aislar por dentro es más barato y más rápido, y en algunos casos es lo que toca. Pero hay tres cosas que solo se consiguen envolviendo el edificio, y una de ellas explica la mayoría de las manchas de humedad que salen en las esquinas.

  1. El puente térmicoLo que el aislamiento interior deja fuera

    Aislar por dentro deja sin cubrir justo lo que atraviesa el muro: el canto del forjado en cada planta, los pilares, los dinteles de las ventanas, el encuentro con los balcones. Esos puntos siguen conectados con el exterior, así que siguen conduciendo, y dentro se quedan más fríos que el resto del paño. Por eso la mancha de humedad y el moho aparecen siempre en las mismas esquinas de la habitación, no en medio de la pared. El SATE envuelve el edificio por fuera y esos puntos dejan de estar expuestos.

  2. Lo que no te quitaNi metros de casa, ni la casa

    Un trasdosado interior come varios centímetros en todo el perímetro, y en un piso normal eso son metros cuadrados de verdad. El SATE crece hacia fuera, así que no te quita superficie. Y como se trabaja desde el andamio, no hay que vaciar habitaciones ni convivir con la obra dentro, que es la diferencia entre una obra molesta y una obra que obliga a mudarse.

  3. La inercia de la paredEl muro queda del lado de dentro

    Al aislar por fuera, toda la masa del muro se queda dentro del envoltorio. Eso hace que la temperatura interior se mueva más despacio: tarda más en calentarse cuando aprieta el sol y tarda más en enfriarse por la noche. En una costa donde el problema no es el frío de enero sino el calor de julio y la máquina de aire trabajando toda la tarde, esa lentitud es justamente lo que se busca.

Dicho lo cual, no siempre gana el exterior. Si la fachada está protegida, si es casi toda vidrio o si solo hay que resolver una habitación concreta, el trasdosado interior es la respuesta razonable y lo decimos.

Hablando claro

Lo que tienes que tener en cuenta antes de poner un SATE

Crece hacia fuera, y eso hay que medirlo

El sistema añade espesor a la fachada, y todo lo que estaba a ras deja de estarlo: los vierteaguas se quedan cortos, las rejas y los bajantes hay que separarlos, el alero puede no cubrir lo suficiente, y abajo hay que mirar hasta dónde llega la propiedad. No es un problema —se resuelve con los remates— pero se decide antes, no sobre la marcha.

Si lo que tienes es agua, no es esto

El SATE es para el calor y el frío. No sella una grieta que deja pasar la lluvia de levante, ni corta una humedad que sube del terreno, y taparlo con aislante solo hace que tardes más en verlo. Cuando hay agua de por medio, primero se localiza por dónde entra y se resuelve; el aislamiento va después, sobre una fachada que ya esté seca.

Qué le pasa a una fachada en esta costa

En comunidad, la obra empieza en la junta

Aquí la obra empieza mucho antes que el andamio. Un SATE es una intervención de eficiencia energética, así que además de votarse hay que documentarla, y el andamio se queda puesto bastante más tiempo que en una pintura: eso hay que contárselo a los vecinos antes, no después. Conviene también comprobar qué programa público de rehabilitación energética está abierto en ese momento —los hay, pero las convocatorias, los plazos y los requisitos cambian—, y no contar con ninguno hasta tenerlo confirmado por escrito.

Preguntas

Lo que más nos preguntan del SATE

¿Merece la pena el SATE en la costa, con el invierno que tenemos?

Aquí el argumento no es el invierno, es el verano. Lo que se nota primero es que la fachada deja de acumular el calor del día y soltarlo dentro por la tarde, que es cuando el aire acondicionado más trabaja. El invierno también mejora, sobre todo en los puntos donde antes condensaba, pero si alguien te vende el SATE por la calefacción en Málaga te está contando el argumento de otro clima.

¿Se puede poner en un piso suelto o tiene que ser el edificio entero?

Técnicamente se puede aislar un paño, pero rara vez tiene sentido. La fachada es elemento común, así que la decisión no es individual; y aunque lo fuera, un parche de aislante rodeado de muro sin aislar sigue perdiendo por los bordes y se ve desde la calle. En vivienda unifamiliar, en cambio, lo decides tú y se hace entero.

¿Cuánto espesor hace falta?

Depende de cómo esté construido el muro, de la orientación de cada cara y de hasta dónde puede crecer la fachada sin comerse aleros y vierteaguas. No es «cuanto más, mejor» sin más: a partir de cierto punto cada centímetro aporta menos y complica todos los remates. Se calcula sobre el edificio concreto, no se copia del vecino.

¿Se puede golpear? ¿Y si alguien apoya una escalera?

Es un sistema con aislante debajo, así que resiste menos un impacto puntual que un muro macizo. Por eso la planta baja y las zonas de paso se ejecutan reforzadas, con malla adicional. Un golpe fuerte puede abollar el acabado; se repara, pero conviene contarlo antes y no descubrirlo con la primera bicicleta apoyada en el portal.

¿Qué mantenimiento lleva?

El del acabado que le pongas, no el del aislante, que va protegido. Lo que sí hay que mirar de vez en cuando son los bordes: la coronación, los vierteaguas y los encuentros con carpintería, que es por donde un sistema empieza a fallar. Revisarlos cada cierto tiempo cuesta poco; descubrirlos tarde, mucho.

¿Cuánto cuesta poner un SATE?

Se mide por metro cuadrado, pero la cifra la mueven cuatro decisiones distintas: qué aislante y con cuánto espesor, con qué se remata, qué medios hacen falta para subir, y cuánta reparación pide el muro antes de poder pegar nada encima. Las cuatro se deciden con el edificio delante, así que ninguna cifra dada por teléfono significa nada. Lo que damos es presupuesto cerrado por escrito después de medir.

Te decimos si tu fachada es candidata

Cuéntanos si es casa o edificio, cuántas plantas tiene y qué orientación se pone imposible por la tarde. Con eso ya se puede decir si el SATE es lo tuyo o si te conviene otra cosa, y si lo es, qué habría que mirar en la visita.

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