¿Cómo sé si mi gotelé es al temple o plastificado?
Con una esponja húmeda en una esquina poco visible. El temple absorbe el agua, se reblandece en un minuto y tiñe la esponja de blanco; el plastificado repele el agua y no se ablanda. Esa diferencia cambia el método de trabajo y, con él, el precio.
¿Es mejor quitar el gotelé o alisar por encima?
Depende de lo que haya. Si es temple, sale entero y compensa quitarlo: el acabado parte de cero. Si es plastificado, con relieve fino y bien agarrado, alisar por encima da el mismo resultado a la vista con mucho menos escombro. Lo que no se puede es alisar sobre un gotelé hueco o con mucho pico, porque el relieve termina marcándose.
¿Se puede quitar el gotelé solo de una habitación?
Sí, y es habitual empezar por el salón o por un dormitorio. Ten en cuenta el encuentro con las zonas que se quedan como están: en el marco de la puerta o en una esquina se va a notar el cambio de textura, y conviene decidir dónde se corta antes de empezar.
¿También se hacen los techos?
Sí. El techo es la parte más lenta y más sucia del trabajo, porque se lija por encima de la cabeza y el polvo cae. Muchas veces se hace solo el techo, sobre todo en cocinas y baños donde el gotelé ha cogido grasa o manchas de humedad.
¿Cómo queda la pared al final?
Lisa y pintada, lista para vivir: pasta, lijado fino, imprimación selladora y dos manos de pintura plástica. La imprimación no es opcional aunque no se vea: la pasta de alisar absorbe muchísimo, y sin sellar la primera mano de color se bebe y el acabado queda desigual.
¿Cuánto cuesta?
Depende del método que pida la pared, de los metros, de la altura y de si hay que reparar el soporte. Por eso no damos un precio por m² a ciegas: con dos o tres fotos de la pared y los metros aproximados te damos precio cerrado por escrito, y ese precio se respeta.