¿Se puede elegir cuánto brilla?
Sí, y es de lo primero que hay que decidir. Va desde un mate sedoso hasta el espejo, y lo que lo mueve es cuánto se insiste en el bruñido y si al final se encera o se jabona. Conviene decidirlo con la muestra delante y no de palabra: «satinado» significa cosas muy distintas según quien lo diga, y cuanto más brillo, más exige la pared de debajo.
¿Aguanta en un baño?
El de cal se defiende bien, mejor de lo que la gente supone: es alcalino, y eso le quita las ganas al moho. Cerrado con cera o con jabón repele el agua que salpica. Lo que no conviene es ponerlo donde le caiga el chorro de la ducha de forma directa y diaria, ni en el plato. Un paño de lavabo, o la pared del espejo, es terreno suyo.
¿Y en techos y bóvedas?
Es justo donde más luce, porque un techo recibe la luz de lado y el brillo se pasea por él según te mueves. También es donde más se tarda: se trabaja con los brazos en alto y el bruñido pierde fuerza, así que hay que dar más pasadas para llegar al mismo punto. Se avisa antes, porque se nota en el presupuesto.
Si dentro de unos años se me hace una marca, ¿se arregla?
Se rehace el paño de esquina a esquina, no se parchea. Y aquí hay una dificultad concreta: una pared con años no tiene el mismo tono que la muestra original, porque la cal ha seguido carbonatando y el ambiente ha hecho lo suyo. Igualar eso es el trabajo de verdad, y lo hace mejor quien la aplicó. Guarda quién te la hizo y con qué material.
¿Por qué un presupuesto es el doble que otro?
Casi siempre por dos cosas, y las dos se preguntan sin rodeos. Una, si el material es cal o es acrílico con el mismo nombre. Dos, cuántas capas entran: el mismo aplicador puede dar tres o dar cinco, y la diferencia de profundidad se ve a simple vista. Si en una oferta no viene escrito ni el material ni el número de capas, no es que sea más barata: es que no se sabe qué es.
¿Se puede pintar encima si algún día me canso?
Sí, pero no basta con pasar el rodillo. Si está encerado hay que quitar la cera primero, porque ninguna pintura agarra sobre ella; después va una imprimación específica para superficies cerradas y poco absorbentes, y luego ya la pintura. Sale una tarde larga en vez de un rato, y lo que se tapa no vuelve.