Blog · Gotelé y alisado
Tipos de gotelé: cómo reconocer el tuyo y qué cambia al quitarlo
El relieve decide el trabajo tanto como el material: cuántas manos de pasta pide taparlo y por qué dos pisos iguales no salen al mismo precio.
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Quien busca «tipos de gotelé» casi siempre tiene uno delante: en el piso que acaba de comprar, en el que va a reformar para alquilar o en el de toda la vida. Y quiere saber con qué está tratando antes de pedir presupuesto. Hace bien, porque no hay un gotelé sino varios, y la diferencia se nota en la factura.
Conviene separar dos preguntas que se suelen mezclar. La primera es de qué está hecho: al temple, que se deshace con agua, o plastificado, que no. Eso se averigua en un par de minutos con una esponja húmeda, y lo explicamos en la página de gotelé y alisado. La segunda es cómo es su relieve, y de esa va este artículo, porque es la que decide cuánto trabajo hay detrás de dejar la pared lisa.
Cómo se hace un gotelé, y por qué no hay dos iguales
Un gotelé es pasta —de temple o plástica— lanzada a gotas contra la pared. Consumer, la revista de consumo de EROSKI, lo cuenta así para el de temple: se usa «una pasta especial para “tirar gotas”, que se aplica sobre una superficie con temple liso». El tamaño de la gota, la presión de la máquina y lo espesa que esté la pasta deciden el grano, y como cada cuadrilla la regulaba a su manera, dos pisos del mismo edificio pueden tener gotelés bien distintos.
Los tipos que se ven
Para quitarlo o taparlo, el nombre importa poco. Lo que cuenta es la altura del relieve, y en la práctica aparecen tres, más uno que se confunde con ellos.
Gotelé fino
Grano pequeño, bajo y muy apretado. Al pasar la mano se nota como una lija gorda, pero no araña. Es el más llevadero de tapar: la pasta lo cubre sin pelearse con él.
Gotelé grueso, o de pico
Gotas más grandes y separadas que, al secar, dejaron picos. Araña al pasar la mano, guarda polvo en la cara de arriba de cada pico y, mirado de lado, parece un paisaje en miniatura. Es el que más trabajo da, y el porqué se ve en la animación de más abajo.
Gotelé aplastado
Es un gotelé normal al que, antes de secar, se le pasó la llana por encima para chafar las gotas. Quedan islas planas con el borde un poco levantado, y mucha menos altura que el de pico. De lejos parece un estuco irregular; de cerca, cada isla conserva la forma redonda de la gota que fue.
El que parece gotelé y no lo es: el picado
Hay paredes con textura que no están hechas a gotas sino a rodillo: una pasta espesa sobre la que se pasa un rodillo de gomaespuma. Según Consumer, cuantas más veces se pase el rodillo, más fino queda el picado. Se distingue porque no tiene gotas redondas, sino un punteado continuo. Para quitarlo o taparlo se trata como un gotelé de su misma altura.
Cómo saber cuál tienes: una linterna y la luz apagada
A plena luz todos los gotelés se parecen. Para verlos de verdad, baja la persiana, apaga la luz y pega una linterna a la pared, apuntando casi en paralelo a ella. La luz rasante alarga las sombras y el relieve sale solo:
- Sombras cortas y muy seguidas: fino.
- Sombras largas, cada pico con la suya: grueso.
- Manchas planas con un filo de sombra alrededor: aplastado.
- Punteado continuo, sin gotas redondas: picado de rodillo.
Es la misma luz con la que se revisa una pared recién alisada antes de pintarla, y por el mismo motivo: de frente, el relieve no se ve.
Lo que cambia en la obra
Tapar un gotelé no consiste en echarle pasta hasta que desaparezca. Las pastas de alisar se dan en capas finas. La ficha técnica de Papresa para su pasta de tapar gotelé pide capas de entre 0,5 y 2 mm, «ya que la absorción impide mayor carga», y dos manos sobre el gotelé: «una de relleno de la “gota” y una vez seca, se aplicará una segunda mano de terminación». Está pensada, dice, para gotelé de unos 2 mm de profundidad.

Con eso delante, la cuenta sale sola: las dos manos de siempre bastan cuando el relieve cabe en ellas, y se quedan cortas cuando no.
Las mismas manos de pasta, dos gotelés
Dos gotelés, la misma pared. El fino deja un grano bajo y apretado. El grueso levanta picos mucho más altos, y cada uno distinto del de al lado.
Las dos manos de siempre: relleno y terminación. La pasta se da en capas finas, porque más gruesa no agarra. Al fino le bastan. En el grueso, después de las dos, los picos siguen asomando.
El grueso pide más. Otra mano con su secado y su lijado, o rebajar los picos antes de empezar. Por eso dos pisos iguales con distinto gotelé no cuestan lo mismo.
Rebajar los picos antes de empezar, a espátula o con lijadora conectada a un aspirador, ahorra pasta, pero es otra fase con su propio polvo. Qué conviene más depende de la pared. Y sobre un gotelé que suena hueco al golpearlo no conviene ninguna de las dos: ese se quita.
Si el tuyo es de temple, el relieve pesa menos, porque sale mojándolo, sea fino o grueso. Lo que decide la obra entonces es el estado de la pared que aparece debajo, y eso lo contamos paso a paso en cómo quitamos el gotelé. Si prefieres no arrancarlo, en alisado de paredes está cuándo se puede tapar por encima y cuándo no.
Si el piso está cerca del mar
En la costa hay un motivo más para mirar de qué está hecho el gotelé, además de cómo es. La humedad relativa media en Málaga es del 65 % a lo largo del año y sube al 72 % en diciembre, según los valores normales de AEMET para el aeropuerto. Con el aire así de cargado, los baños, las cocinas y los dormitorios que dan al norte condensan en invierno con más facilidad.
Y eso es justo lo que el temple lleva peor. Consumer lo resume sin rodeos: no es lavable y, «en caso de humedad, puede formarse moho sobre su superficie», así que no debe ponerse donde haya condensaciones. Si tu gotelé es de temple y tiene manchas oscuras en las esquinas o detrás de los armarios, una mano de pintura no lo arregla. Pintar encima con otro material tampoco: para eso, dice la misma fuente, «hay que retirar la pintura al temple», porque su presencia es uno de los motivos por los que la capa nueva no se fija.
Y si la mancha vuelve después de quitarlo, el problema nunca fue el gotelé sino la humedad, y esa se resuelve antes de alisar nada.
Si el piso se alquila por temporadas
La obra tiene su hueco cuando el piso se queda vacío, entre octubre y marzo. Quitar o tapar el gotelé de una vivienda entera es cuestión de días, no de horas, porque el ritmo lo marca el secado de cada mano, y con frío los secados se alargan. Conviene no apurar la fecha del primer inquilino y dejar margen para que cada mano seque lo que pide.
Preguntas frecuentes
¿Qué gotelé es más fácil de quitar?
¿Qué gotelé es más fácil de quitar?
Manda antes el material que el relieve. El de temple sale con agua y espátula, sea fino o grueso. En el plastificado sí cuenta el relieve: el fino se tapa con las dos manos normales de pasta y el grueso pide más, o rebajar los picos antes de empezar.
¿Se puede pintar encima del gotelé sin quitarlo?
¿Se puede pintar encima del gotelé sin quitarlo?
Si es plastificado y está bien agarrado, sí: se pinta con rodillo de pelo largo y lo que queda es un gotelé pintado, con su relieve. Sobre temple no conviene, porque la pintura nueva se agarra a una capa que se ablanda con el agua; para cambiar de material hay que retirarlo antes.
¿El gotelé aplastado se puede alisar?
¿El gotelé aplastado se puede alisar?
Tiene mucha menos altura que el de pico, así que el procedimiento normal suele cubrirlo. Lo que hay que vigilar son los filos de cada isla: con luz rasante se marcan si la pasta se queda corta, y es justo lo que se revisa antes de pintar.
Fuentes
- Papresa, ficha técnica de «Papresa enlucido “L” C6», pasta para tapar gotelé y alisar paredes (PDF).
- EROSKI Consumer, «Pintura al temple».
- AEMET, valores climatológicos normales de Málaga Aeropuerto.
¿Dudas con tu pared concreta? Mándanos una foto con la linterna y te decimos qué tienes.