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Pintoresdel Sur

Blog · SATE y eficiencia energética

Pintura térmica: cuánto aísla de verdad y dónde sí merece la pena

Con las fichas técnicas y el Código Técnico delante: cuánto aísla medio milímetro de pintura, y en qué sitio de la casa sí compensa.

8 min de lectura

Una pintura que aísla como si la pared fuera más gruesa: así se venden las pinturas térmicas, y en la costa la promesa suena bien, porque el calor de agosto entra por la azotea y en invierno las paredes del lado norte amanecen mojadas. Hemos leído las fichas técnicas de cuatro fabricantes y lo que dice el Código Técnico de la Edificación sobre cómo se calcula lo que aísla una capa.

La respuesta no es la de los anuncios. Tampoco es que no sirvan para nada: sirven para otra cosa, y en un sitio concreto de la casa.

Qué lleva una pintura térmica

Casi todas son pinturas acrílicas al agua con partículas huecas mezcladas en la fórmula. Una de las fichas lo describe como «muy baja conductividad térmica por la incorporación en su fórmula de microesferas huecas y pigmentos especiales reflexivos». Otra habla de «nano esferas de vidrio», y una tercera, pensada para tejados, de un «agente aireante que genera microburbujas». La idea es la misma en las tres: llenar la película de aire encerrado, que conduce mal el calor.

Y conducen poco, es verdad. La conductividad térmica, la λ que aparece en las fichas, mide lo fácil que se lo pone un material al calor para atravesarlo: cuanto más baja, mejor. Dos de las fichas declaran 0,056 y 0,048 W/m·K, que son valores bajos. El problema no está en ese número, sino en el que suele venir a su lado.

Lo que aísla una capa depende de su grosor

El Código Técnico no mide el aislamiento por la conductividad, sino por la resistencia térmica de cada capa, y la calcula con una fórmula de una línea: la resistencia es el espesor dividido entre la conductividad, R = e/λ, con el espesor en metros. A más grosor, más resistencia. Un material excelente en una capa muy fina resiste muy poco.

Las fichas dan también el espesor. La de 0,056 pide un «Espesor Mínimo 500 micras, recomendado 2 manos»: medio milímetro. La de 0,048 recomienda «al menos 2 manos de pintura equivalentes a un espesor seco total de entre 300 y 400 micras». Con la fórmula del Código, medio milímetro de la primera da una resistencia de 0,009 m²·K/W, y cuatro décimas de la segunda, 0,008.

Así, sueltos, esos números no dicen nada, así que hay que ponerlos al lado de otras capas. El mismo Código tiene una tabla con la resistencia de la película de aire quieto que se forma pegada a cualquier pared: en la cara de dentro de un muro, 0,13. Y fija una transmitancia máxima para los muros según la zona climática. La provincia de Málaga va de la zona A3 a la D3 según la altitud, y la costa está en la A, la más templada de la Península, donde un muro no puede pasar de 0,70 W/m²·K. Eso equivale a que todas sus capas juntas sumen al menos 1,43.

Lo que aísla cada capa

Medio milímetro de pintura térmica. Con la conductividad y el espesor mínimo que declara su ficha, se queda en 0,009. Es esa raya del principio: casi no se ve.

El aire que no se mueve junto a la pared. El Código Técnico le da 0,13 a esa película invisible del lado de dentro, que tiene cualquier muro, pintado o no: casi quince veces más.

Lo que tiene que sumar el muro entero. Para no pasar del límite de la zona A, la más templada de la Península, hace falta llegar a 1,43. La pintura aporta menos del 1 %.

Medio milímetro de pintura térmica aporta menos que el aire que ya está ahí sin pagar nada, y menos del 1 % de lo que el Código pide a un muro en la zona más templada de la Península. Para que esa misma pintura sumara una resistencia de 1, habría que darle más de cinco centímetros. Por eso ninguna obra de aislamiento se resuelve con un bote.

Cómo leer la ficha de una pintura térmica

  • De qué es la conductividad. Una de las fichas, tras presentar su pintura como de «muy baja conductividad», da esta cifra: «Conductividad térmica de la misma de 0,05 W/m.K». Leído con calma, «la misma» es la microesfera que se acaba de describir, no la pintura. Es el dato de un ingrediente.
  • Con qué espesor. Una conductividad sin espesor no dice cuánto aísla. Si la ficha no da el grosor que queda seco, no hay forma de calcular nada.
  • De dónde sale el número. Una de las fichas lo respalda con el informe de un laboratorio de la construcción, con su fecha y sus «ensayos de conductividad térmica». Otra cita la norma UNE-EN ISO 6946, que la documentación del Código Técnico recoge como un «Método de cálculo» de la resistencia y la transmitancia de componentes, no como un ensayo.
  • Qué promete. Una ficha asegura que su pintura «cumple con los requisitos del Código Técnico de la Edificación para materiales aislantes». En el documento de ahorro de energía del Código, el que fija cuánto tiene que aislar un edificio, la expresión «material aislante» no aparece: lo que se limita es la transmitancia del muro, la cubierta o el suelo enteros. Otra pone entre sus usos la «Rotura del puente térmico en cantos de forjados y pilares», con la resistencia de 0,009 que acabamos de calcular.

Donde sí trabaja: la azotea al sol

Hay un sitio donde una pintura de estas hace algo que se nota, y en la Costa del Sol es justo el que más castiga: la cubierta plana bajo el sol de julio. Ahí lo que cuenta no es cuánto conduce la película, sino cuánta luz devuelve. El Código Técnico lo llama absortividad: la fracción de la radiación solar que absorbe una superficie, de 0 a 1. Lo que refleja, ya no lo absorbe.

La ficha que mejor lo enseña es la de la pintura que más conduce de las cuatro. Su conductividad, medida en laboratorio, es de 0,4762 W/m·K, entre ocho y diez veces la de las otras dos; pero su reflectancia solar es del 89,28 %, y el fabricante la define como lo que es: «Es una pintura TERMOREFLECTIVA». Pide dos milímetros de espesor y la indica para «terrazas, techumbres». Lo que hace es que la azotea se caliente menos al sol, no aislarla.

En un ático, o en una casa de una planta donde el techo es la azotea, esa diferencia llega dentro. Si es lo que buscas, el dato que hay que pedir es la reflectancia solar medida, no la conductividad. Y en la cubierta, además de reflejar, la capa tiene que aguantar sol y agua: alguna de estas pinturas se vende también como impermeabilizante.

La condensación y el moho

Es la otra promesa, y una de las que más se busca: la pintura «anticondensación». En invierno, la humedad del aire de la costa se condensa sobre las paredes más frías de la casa, que suelen ser las de la cara norte y las esquinas, y ahí aparece el moho. Se condensa porque esa pared está más fría que el aire de dentro, y una capa con una resistencia de 0,009 apenas cambia su temperatura.

Lo que sí aportan muchas de estas pinturas es otra cosa: un conservante en la película. Una de las fichas lo dice así: «evita la aparición de manchas de hongos y algas sobre su superficie». Es útil, pero es el trabajo de un antimoho, no de un aislante. Si la mancha vuelve cada invierno al mismo rincón, la solución pasa por ventilar, calentar o aislar esa pared; qué pide una pared con moho antes de pintarla lo contamos en pintar un piso o una casa.

Si lo que quieres es aislar

Aislar es poner centímetros, no micras. En una casa que ya está hecha hay dos caminos: por dentro, con un trasdosado que resta espacio a cada habitación, o por fuera, envolviendo la fachada con un sistema de aislamiento. El de fuera tiene una ventaja que en la costa pesa: cubre también los cantos de los forjados y los pilares, que es por donde se va el calor y donde nace la condensación de las esquinas. Cómo funciona y cuándo compensa está en nuestra página del SATE.

Y si lo que te quita el sueño es el calor bajo la azotea, una pintura reflectante bien elegida sí es una mejora razonable. Solo hay que pedirle lo que de verdad hace.

Preguntas frecuentes

¿La pintura térmica funciona en interior?

Como aislante, poco. Con el espesor que piden sus fichas, su resistencia térmica es menor que la del aire que ya está pegado a la pared, y queda por debajo del 1 % de lo que el Código Técnico pide a un muro. No cabe esperar que eso se note en la factura de la calefacción ni en la del aire acondicionado. Si lleva conservante antimoho, sí ayuda a que no salgan manchas en la película.

¿Y en la fachada, por fuera?

En lo que aísla, lo mismo que dentro: la resistencia depende del espesor, y fuera también son unas décimas de milímetro. Lo que sí cuenta en una pared al sol, igual que en la azotea, es cuánta luz devuelve la superficie. Si te la ofrecen por eso, pide la reflectancia solar medida, que es el dato que lo demuestra.

¿Cuánto espesor hay que darle?

El que marque su ficha, sin quedarse corto: en las que hemos leído, entre 300 y 500 micras secas para interior, y dos milímetros en la que es para cubiertas. Por eso todas piden dos o más manos. Una de ellas lo explica así: hace falta un rendimiento mínimo para que la película tenga «el grueso necesario para permitirle cumplir su misión».

¿Merece la pena en un piso de la costa?

Depende de para qué. Para aislar paredes, no: es muy poco espesor para lo que hace falta. Para un ático o una casa con la azotea al sol, una pintura reflectante bien elegida sí tiene sentido. Y para el moho de un baño o de una esquina, el trabajo lo hace el antimoho, que llevan también pinturas que no se venden como térmicas; la causa hay que buscarla en la ventilación o en la pared.

Fuentes

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