El óxido de verdad
Una pintura al agua con partículas de hierro reales y, encima, un activador: una solución ácida que reacciona con ese hierro y lo oxida. El óxido no se pinta, aparece. Por eso el resultado depende de cómo se aplique, y por eso hay que sellarlo cuando tiene el tono que se busca: si no, la reacción sigue su curso. El mismo sistema tiene versión en cobre y en bronce, con pátinas verdes o azules.