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Pintoresdel Sur

Blog · Gotelé y alisado

Hacer gotelé para un parche: por qué casi nunca empata a la primera y cómo se acerca uno

Tapar una roza con gotelé es fácil; que no se vea, no tanto: la mezcla, la boquilla, la presión y la distancia, y por qué el parche se ensaya antes en una tabla y no en la pared.

6 min de lectura

Pasa en cualquier reforma pequeña: se abre una roza para un enchufe o un tubo, se tapa con yeso y queda una franja lisa en medio de una pared de gotelé. Hacer gotelé ahí no tiene mucho misterio. Que no se note, sí, porque el de alrededor se hizo hace años, con otra mezcla, otra máquina y otra mano.

Aquí va por qué la primera pasada casi nunca empata y cómo se acerca uno a la gota de la pared, con lo que dicen la revista Consumer y las fichas de dos pistolas de gotelé.

Mano con una espátula extendiendo yeso blanco sobre una pared en obra, junto a una caja de enchufe empotrada.

Por qué el parche casi nunca empata a la primera

El propio método lo explica. Consumer, en su guía del gotelé, pide algo que en un parche es imposible: «es necesario preparar pintura suficiente para acabar el trabajo en su totalidad. De este modo, se evitarán diferencias en la preparación y en el acabado». Cuando se hizo la pared, esa mezcla se gastó. La del parche es otra, y «la consistencia de la pintura depende del relieve que se quiere lograr»: un poco más espesa o más clara, y la gota sale distinta.

Luego está la máquina. El grano no lo decide solo la pasta: según la misma guía, «se debe regular la boquilla para obtener distintos granos o texturas, variar la distancia entre la pistola y el soporte y ajustar la presión del aire». Son tres mandos, y quien hizo la pared los puso a su manera. Por eso no hay dos gotelés iguales, y por eso conviene saber antes cuál tienes: los tipos de gotelé y cómo se reconocen.

Hay una pregunta previa: de qué está hecho el de la pared, temple o plastificado. Si es de temple, lo que se ponga encima queda sobre una capa que el agua reblandece, y eso cambia el plan. Se averigua con una esponja húmeda, como contamos en la página de gotelé y alisado.

Lo que mueve el grano: boquilla, presión, distancia y carga

La boquilla

Las dos pistolas de gotelé cuyas fichas hemos leído traen tres boquillas, de 4, 6 y 8 mm. El salto entre ellas es grande. Una de las fichas da el caudal de cada una medido con agua: 700 ml por minuto con la de 4 mm, 2.700 con la de 6 y 4.300 con la de 8. Pasar de la pequeña a la mediana es soltar casi cuatro veces más. Con un salto así, es difícil acertar a ojo.

La presión

Aquí las fuentes no se ponen de acuerdo, y eso ya dice algo. Consumer pide ajustar la presión del aire «al menos a 3 bares». La ficha de una pistola de 5 litros da una presión de trabajo de 3,5 a 4 bar. La de otra pistola de gotelé, una presión máxima de 1,75 bar. No hay una cifra que valga para todas: la que cuenta es la de la ficha de tu pistola, y dentro de ella se ajusta mirando la gota.

La distancia y el pulso

Consumer da una referencia: «colocarse a unos 30 cm de la pared y sujetar el dispensador en posición vertical», y barrer de un lado a otro, «nunca de “ida y vuelta”». La ficha de una de las pistolas añade lo que más importa en un parche: «Mantenga la pistola a una distancia constante de la superficie para garantizar una aplicación uniforme». Acercarse para «rellenar» un hueco cambia la gota justo donde más se va a ver.

La carga

En un parche la tentación es insistir. Consumer avisa de lo que pasa: hay que evitar cargar demasiado la pared, o «en vez de gotelé, se obtendrán plastas que afearán el acabado». Mejor quedarse corto y dar otra pasada que pasarse.

La tabla de pruebas

Con tantos mandos, el ajuste no se hace sobre la pared. Lo dicen las dos fuentes, cada una a su manera. Consumer, de la tirolesa: «La mejor opción es probar diversas configuraciones sobre una tabla hasta dar con la que mejor se adapte a cada caso». Y la ficha de una de las pistolas: «Realice pruebas en un área pequeña o en un material de desecho para ajustar la densidad y el flujo de la pintura antes de aplicarla en la superficie final».

El parche y la tabla de pruebas

Una roza tapada en una pared de gotelé. El yeso nuevo queda liso; alrededor, un relieve que se hizo hace años con otra mezcla y otra máquina.

La primera pasada casi nunca empata: la mezcla es nueva, y la boquilla, la presión y la distancia cambian el tamaño de la gota.

Por eso se ensaya antes en una tabla: se prueba hasta dar con la gota que se parece a la de la pared, y solo entonces se proyecta sobre el parche.

En la práctica: una tabla o un trozo de placa al lado de la pared, una tira de prueba por cada ajuste y, cuando estén secas, compararlas con el gotelé de verdad. Mejor con la linterna rasante: mirado de frente, cualquier gotelé parece igual. Solo cuando una tira se confunde con la pared se pasa al parche.

Y el parche, antes de la gota, necesita su base. Consumer lo pide para cualquier gotelé a pistola: «es necesario dar una mano de pintura lisa que sirva como soporte». Sobre el yeso nuevo de una roza, esa mano va antes que cualquier gota.

Sin compresor: la tirolesa y el rodillo

Las pistolas de gotelé necesitan compresor. Para un parche hay otra herramienta que no lo pide: la tirolesa, «una caja de chapa, abierta por un lado, que dispone de unos rodillos dentados» que, con una manivela, lanzan la pasta contra la pared. Tiene una palanca para elegir el tamaño del grano, y es la máquina de la que Consumer recomienda probar sobre una tabla. La pasta se prepara espolvoreándola sobre un cubo de agua hasta que quede homogénea, sin grumos, y se dan «dos o tres capas finas».

El rodillo de gomaespuma no hace gotelé, hace un picado: «cuantas más veces se pase el rodillo por la pared, más fino quedará». Sirve si la pared ya era de picado; sobre un gotelé de gotas redondas, el remiendo se ve.

Lo que termina de esconderlo

Aunque la gota empate, el parche se sigue viendo si solo se pinta la franja: la pintura nueva y la vieja casi nunca tienen el mismo tono ni el mismo brillo. Por eso, con el parche seco, se pinta el paño entero, de esquina a esquina. Si el gotelé de la pared es de los aplastados, la gota nueva se chafa con la llana antes de que seque, como se hizo con el resto.

Y a veces no compensa. Cuando una reforma deja la pared llena de rozas, igualar cada una cuesta más que dejarla lisa. Entonces toca quitar el gotelé y hacer un alisado de paredes. Mándanos una foto de la pared y te decimos qué sale mejor.

Preguntas frecuentes

¿Se puede hacer gotelé a mano, sin compresor?

Sí, con una tirolesa: una caja con rodillos dentados que se mueven con una manivela y lanzan la pasta contra la pared. Tiene una palanca para elegir el tamaño del grano. Con un rodillo de gomaespuma también sale una textura, pero es un picado, no un gotelé de gotas redondas: solo empata si la pared ya era así.

¿A qué presión se pone la pistola de gotelé?

A la que diga la ficha de tu pistola. Las fuentes no coinciden: la revista Consumer habla de al menos 3 bares, la ficha de una pistola de 5 litros da una presión de trabajo de 3,5 a 4 bar, y la de otra pistola de gotelé, una presión máxima de 1,75 bar. Una cifra sacada de otra máquina no sirve.

¿Qué boquilla se usa para el gotelé?

La que dé la gota de tu pared, y eso se averigua en una tabla. Las pistolas que hemos leído traen tres, de 4, 6 y 8 mm. Entre una y otra el cambio es grande: según la ficha de un fabricante, con agua la de 6 mm suelta casi cuatro veces lo que la de 4.

¿Por qué se sigue notando el parche si la gota es igual?

Porque falta pintarlo. La pasta nueva y la pintura vieja casi nunca tienen el mismo tono ni brillan igual, y la franja se ve aunque el relieve empate. Por eso, cuando el parche está seco, se pinta el paño entero, de esquina a esquina, y no solo el remiendo.

Fuentes

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