Blog · Fachadas y rehabilitación
Salitre en paredes: de dónde sale y por qué la pintura no lo tapa
De dónde sale la sal, por qué cristaliza bajo la pintura hasta levantarla y por qué hay que cortar el agua antes de tratarla.
7 min de lectura
Sale abajo, a ras del suelo o un palmo por encima, como un polvo blanco que mancha los dedos. Se cepilla, se pinta encima, y a los meses vuelve al mismo sitio, a veces levantando la pintura nueva. Ese polvo es sal, y no llega de fuera: la saca el agua que atraviesa la pared.
Por eso el salitre no se tapa. Se le corta el camino, y para eso hay que entender cuál es.
Lo que llamamos salitre
En rigor, el salitre es una sal concreta, el nitrato de potasio: la tabla de sales de los edificios que recoge un tema de restauración de la Universidad de Granada lo lista como «Nitro (salitre)». En la obra, en cambio, se llama salitre a cualquier mancha blanca de sal. Las que aparecen en los muros son, según ese mismo tema, sobre todo carbonatos, sulfatos, cloruros, nitratos y nitritos.
Los fabricantes de mortero lo llaman eflorescencia, y la definen como unas «manchas blanquecinas que aparecen en la superficie de ciertos materiales, debidas a sales solubles, existentes en el propio material o ajenas a éste». Es decir, la sal puede venir del ladrillo, del mortero o de fuera.
Y avisan de algo que conviene descartar antes que nada: no toda mancha de la pared es sal. Puede ser suciedad, o moho que crece con la humedad. Si lo que tienes es oscuro y aparece en la esquina más fría, es otra historia: la pintura antimoho y sus límites.
Tres condiciones a la vez
La ficha sobre eflorescencias del Instituto Valenciano de la Edificación (IVE) dice que, para que aparezcan, hacen falta tres cosas juntas:
- «Sales solubles en alguno de los elementos que compongan el cerramiento».
- «Presencia de humedad. La más habitual suele ser la humedad infiltrada».
- «Transporte de las sales a través de los cerramientos hasta que se produce la recristalización».
El recorrido lo cuentan los fabricantes de mortero: el agua «de lluvia, de obra, del terreno, de riego» entra por los poros, disuelve las sales por el camino y las arrastra hacia fuera. Allí, «al evaporarse el agua, afloran, manchando la superficie».
De las tres condiciones, solo una se puede quitar de verdad. La sal que ya lleva el material está ahí para quedarse: sobre ella, admite la ficha del IVE, «es casi imposible actuar». Lo que sí se puede cortar es el agua.
De dónde viene el agua
El tema de la Universidad de Granada lo resume en dos orígenes: «el agua del subsuelo, y el agua de lluvia». La primera sube por capilaridad, por los poros finos del ladrillo y del mortero, como sube el café por un azucarillo. La segunda entra por gravedad, por las juntas, los remates y las grietas. Añade una tercera en ambientes muy húmedos, la condensación, que moja la superficie pero penetra mucho menos.
Lo que más sorprende es hasta dónde llega la que sube del suelo: en muros con humedad capilar, dice, «alturas de varios metros son absolutamente normales». Y no deja la marca en cualquier sitio. Justo por encima de la franja más mojada, a ras del suelo, aparece el deterioro más fuerte, «con desintegración granular y arenización de rocas y morteros, escamación de revestimientos, pérdida de película pictórica», y ahí se concentra la mayor parte de la sal.

En una pared interior pasa lo mismo, con el rodapié en lugar del zócalo. La altura a la que llega la mancha cambia, según el mismo tema, entre zonas de un mismo edificio: de dentro a fuera, o de la cara norte a la sur. Saber cuál de las aguas es la que moja la pared es el primer paso, porque cada una se corta de una manera. Cómo distinguirlas, y por qué solo la de lluvia se arregla impermeabilizando por fuera: impermeabilización de fachadas.
Por qué la pintura no lo tapa
El agua sube con su sal disuelta hasta que se evapora, y la sal se queda donde se evapora el agua. Si el agua llega a la cara de la pared, la sal sale fuera y se ve como polvo blanco. Si se evapora antes, la sal cristaliza dentro, cerca de la superficie. El tema de la Universidad de Granada añade que, en una pared con mortero y pintura, la sal puede cristalizar justo «entre el mortero y la capa pictórica».
La sal que levanta la pintura
El agua sube por los poros de la pared y disuelve por el camino las sales del ladrillo, del mortero o del terreno.
Al llegar a la cara, el agua se evapora y la sal se queda. Bajo la pintura no tiene adónde ir, y cristaliza justo debajo.
La sal crece al cristalizar y empuja la película desde dentro: se ampolla, se abre y sale el polvo blanco.
Ahí está el problema. La sal que sale a la cara es casi inofensiva: según el mismo tema, al cristalizar en la superficie su efecto mecánico «es nulo». La que se queda debajo, no. La ficha del IVE explica que «la cristalización de cualquier sal supone una dilatación hasta del 35%, lo que implica un empuje de la capa del material que cubre la oquedad que si es muy delgada acaba desprendiéndola».
Una película de pintura es una capa muy delgada. Pintar encima del salitre no lo detiene: le pone una tapa, y la sal empieza a crecer debajo de ella. Por eso la pintura nueva se ampolla y se cae justo donde estaba la mancha. Si lo que se ha soltado es el revoco y no solo la pintura, toca reparar la fachada antes de nada.
En la costa, la sal va y viene con el aire
Junto al mar, la sal no solo sube de dentro: la brisa la deposita además en la cara de la pared. Qué hace esa sal en una fachada de primera línea lo contamos en la página de fachadas. Y hay una segunda razón por la que el salitre de la costa parece no estarse nunca quieto.
Cada sal tiene una humedad del aire a partir de la cual se disuelve. La Universidad de Granada lo explica así: «Siempre que la HR se mantenga por encima de HReq para una sal dada, el soluto permanecerá en solución o la sal se disolverá. Cuando HR del ambiente sea menor que HReq, la sal precipitará». Para la sal común, la de la brisa marina, su tabla pone esa línea en torno al 75 % de humedad relativa.
Cada vez que el aire cruza esa línea, la sal cambia de estado: se disuelve cuando el aire se carga de humedad y vuelve a cristalizar cuando se seca. Esos ciclos, dice el tema, «son comunes a escala diaria». Cada vuelta es otro empujón contra lo que tenga encima.
Antes de pintar, por este orden
La ficha del IVE es clara sobre el error más común: en una fachada con eflorescencias, «nunca se deben reparar las mismas sin previamente detectar la causa (humedades) que ha producido la lesión». Y da el orden:
- Cortar el agua. Actuar sobre las humedades que traen la sal. Es el único paso que hace que no vuelva.
- Quitar la sal. Una vez cortada el agua, eliminar lo que ha salido con una limpieza natural, química o mecánica.
- Proteger. Tratamientos de estabilización de la superficie e impermeabilizaciones, para que la humedad no vuelva.
La ficha de un tratamiento antisalitre incoloro concreta la preparación: lavar el soporte «con abundante agua para forzar la precipitación de las sales encapsuladas» y dejarlo secar al menos 24 horas. Pide el soporte seco, firme y bien adherido; si está arenizado o suelta polvo, cepillarlo y consolidarlo antes. No se aplica con el sol dando de lleno ni sobre una pared recalentada por el sol. Y el propio fabricante lo define para manchas «provocadas por la absorción de agua por capilaridad con arrastre de sales del muro». Es decir, está pensado para lo que el agua deja en la pared; el agua se corta aparte.
Con el agua cortada, la sal limpia y la pared seca y firme, ya se puede pintar. Antes, cualquier pintura es solo una tapa más.
Preguntas frecuentes
¿El salitre es lo mismo que la humedad?
¿El salitre es lo mismo que la humedad?
Es su rastro. Para que salga hacen falta sales en la pared, agua que las disuelva y un camino por el que esa agua llegue a la superficie. Sin humedad, la sal se queda quieta dentro del material y no se ve.
¿Por qué vuelve después de limpiarlo?
¿Por qué vuelve después de limpiarlo?
Porque la limpieza quita la sal que ya ha salido, no la que queda dentro ni el agua que la trae. Mientras siga entrando agua, seguirá arrastrando sal hasta la cara de la pared. Y sobre las sales del propio ladrillo o del mortero, la ficha del IVE reconoce que «es casi imposible actuar».
¿Se arregla con un antisalitre y pintando encima?
¿Se arregla con un antisalitre y pintando encima?
El tratamiento va después, no antes. La ficha de reparación del IVE pone primero cortar la humedad, luego limpiar la sal y al final proteger. Y la ficha de un tratamiento antisalitre pide el soporte seco, firme y lavado antes con abundante agua, con al menos 24 horas de secado.
¿Es peligroso para la casa?
¿Es peligroso para la casa?
La mancha de fuera, por sí sola, casi nunca: para los fabricantes de mortero suele ser «un problema estético». Lo que hace daño es la sal que cristaliza por dentro, cerca de la superficie, que arena el mortero, desconcha el revoco y levanta la pintura. Y el agua que la trae puede estar haciendo otros estropicios.
¿Por qué sale en una pared recién hecha?
¿Por qué sale en una pared recién hecha?
En una obra de fábrica recién terminada es casi inevitable, según el IVE, porque todos los ladrillos llevan algo de sal soluble, y además el mortero fresco reacciona con el aire y deja carbonato cálcico en la superficie. Es la «eflorescencia de obra». La ficha del tratamiento pide además que un soporte mineral tenga al menos 28 días antes de tratarlo.
Fuentes
- ANFAPA (Asociación de Fabricantes de Morteros y SATE), «Cómo evitar las eflorescencias en morteros».
- ANDIMAC, Consejos Pro 41, «¿Qué debo saber sobre las eflorescencias de fachada?», con la ficha del Instituto Valenciano de la Edificación (IVE), difundida por Grupo Puma.
- Antonio García Casco, Universidad de Granada, «Tema 10: Efectos debidos a las sales solubles» (Restauración de Materiales Pétreos).
- Graphenstone (IEdiSA), ficha técnica del tratamiento antisalitre «Neutralysal Premium» (versión de enero de 2018).